Las enfermedades de nuestros mayores, te alejan de todas las relaciones sociales y familiares. Al principio incluso los comprendes y los disculpas, pero con el tiempo, casi los odias, no es agradable estar al lado de una persona que no controla esfínteres, o no sabe lo que dice.
De momento lo dejas todo, estudios, trabajo, relaciones, la dedicación es total, llega a cerca de las 24 horas, incluso colocas una cama lo más cerca posible del enfermo.
La compra acabas pidiéndola por Internet. Ni al WC vas tranquila, si tardas puede haberse caído, darse un golpe en la cabeza, cortarse y salir corriendo al Hospital para que la cosan.
Un solo día necesité que su hermana, le hiciese un rato de compañía, mientras yo iba al médico para mí y cuando llegué me dijo que había vomitado ya que la había tenido que cambiar y lavar toda y que ella no servía para eso. Qué se creen que te quedas con ellos por gusto?.
A nuestra casa dejó de llamar, todo el que no fuese el portero del edificio y el joven que nos traía la compra y el médico un día al mes.
Cuando llegó el día del funeral, me pregunté, ¿donde estaba toda esa gente? ya que durante años y años no supe de ellos, ni ellos se habían molestado en hacer una llamada, preguntando por la situación.
Qué solas nos dejaron!. El tiempo pone a todos en nuestro sitio.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada