Mi padre vivía en Francia desde los 12 años, a los 21 regresó a España con toda su familia, para que él pudiera realizar el Servicio Militar Obligatorio. Al poco tiempo y creo que sin jurar bandera, lo devolvieron a su casa, porque era estrecho de pecho. Se declara la Guerra Civil y entonces para ser carne de cañón, sí valía. Transcurrida la Guerra fue hecho prisionero y llevado a un campo de concentración, donde no les dieron nada, ni ropa, ni calzado, ni casi comida y cada día iban a trabajar arreglando las vías del tren, cerca de Madrid, cada día compañeros amanecían muertos o morían trabando. Y esto lamentablemente es todo lo que yo sé. Padre perdóname ya es tarde para escuchar tu dolor y tus quejas, de toda una juventud destrozada y casi me atrevería a decir de una vida.
A partir de aquí, todo son copias de foros e información lograda en Internet.
Campos de concentración franquistas
En España entre 1936 y 1947 funcionaron varios campos de concentración estables y otros muchos provisionales, coordinados por el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. Terminaban en estos campos de concentración, desde ex combatientes del bando republicano o disidentes políticos hasta homosexuales y presos comunes. Al igual que en otros muchos campos de concentración, los prisioneros estaban jerarquizados, de tal modo que presos comunes violentos (por tanto sin motivaciones políticas o ideológicas) estaban en un escalón superior a la mayoría de los allí encerrados, trabajando de vigilantes de estos últimos. Se caracterizaron por la explotación laboral de los prisioneros, organizados en batallones de trabajadores.
Según Javier Rodrigo (2006), cerca de medio millón de prisioneros pasaron por los campos de concentración entre 1936 y 1942.
“... medio millón de muertos, un cuarto de millón de exiliados dispersos en Francia, Rusia y varios países hispanoamericanos, 280.000 presos en cárceles y campos de concentración por los delitos más inverosímiles, miles de españoles heridos o mutilados por efectos de la guerra, produjeron un colapso en el mercado laboral de un país que necesitaba reconstruir sus infraestructuras y poner en funcionamiento empresas destrozadas o paralizadas por la guerra”.
A principios de 1941, esto es un par de años después de finalizada la guerra civil, constaban en el Fichero Fisiotécnico 103.369 penados, de ellos cerca de 10.000 mujeres, una cifra casi coincidente con la de los presos que entonces ya habían sido juzgados y condenados por los numerosos tribunales civiles y militares puestos en marcha en toda España durante aquellos años. Los más de 280.000 prisioneros políticos entonces encarcelados en toda España representaban el 10% del conjunto de la población activa del país y eran, en su gran mayoría, hombres de entre 20 y 40 años de edad. No obstante, los presos políticos seguían aumentando sin cesar durante aquellos años. Según ha podido documentar recientemente el historiador Antonio Miguel Bernal, sólo entre los años 1939 y 1943 el número de presos políticos del franquismo llegó a ser de más de 550.000, también con una muy clara mayoría de jóvenes entre ellos.
Así, de forma masiva, sistemática y organizada, la dictadura franquista utilizó, entre 1937 y
Empleados fundamentalmente en obras públicas de todo tipo –por ejemplo, en la construcción de carreteras, puentes, túneles, vías férreas, canales y marismas–, centenares de miles de prisioneros políticos del franquismo se vieron obligados al trabajo forzado, a modo de nuevos esclavos, tanto en obras tan impresionantes como las de la construcción del Valle de los Caídos –donde trabajaron hasta 1950 un total de cerca de 20.000 presos políticos, hasta la definitiva culminación de las obras de construcción tanto de los accesos por carretera como del monasterio y la cripta de aquella obra faraónica– o del pazo de Aday, como en muchas otras obras al servicio de
Otras empresas que tuvieron a presos políticos trabajando a su servicio fueron, por ejemplo, Babcock-Wilcox, Carbones Asturianos, Constructora Naval, Industrias Egaña, Talleres
Aunque se tenían algunas referencias merced a la publicación de las memorias de algunos antiguos presos políticos del franquismo, ha sido ahora cuando se ha documentado ya con rigor histórico la existencia en
Otro de los historiadores asistentes a las mencionadas jornadas celebradas en Sevilla, el catalán Borja de Riquer, señalaba que en
Borja de Riquer destacó asimismo que la juventud republicana fue la principal víctima de la criminal represión franquista desatada al término de la guerra civil. En base a un estudio realizado sobre las quintas de la barcelonesa ciudad de Badalona entre los años 1936 y 1940, De Riquer subrayó que de los 2.256 jóvenes de entre 19 y 25 años de edad existentes en el censo de dicha ciudad en 1936, en 1940, 295 habían muerto, 234 habían sido considerados prófugos y 204 estaban encarcelados, con lo que un tercio de los jóvenes badaloneses, al finalizar la guerra civil, habían fallecido, estaban exiliados o habían sido encarcelados.

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